¡Qué onda, Monchisquad! Comer tacos parece la cosa más natural del mundo para cualquiera que haya nacido en este hermoso país. Sin embargo, hay una línea muy delgada entre ser un comensal respetable y un novato que termina con el adobo escurriendo hasta el codo. Comer en un puesto de lámina es un arte, una liturgia y, casi casi, una disciplina olímpica.
Hoy en Moncheando te traemos las reglas de etiqueta callejera que debes dominar para que el taquero te respete y te sirva la carne con ganas.
La regla de los 45 grados 📐
Esta es la madre de todas las técnicas taqueras. Cuando el taco llega a tus manos (en su respectivo plato con bolsa de plástico, obvio), no debes mover el taco hacia tu boca en línea recta. El secreto está en inclinar tu cabeza a unos 45 grados. Esto evita que los ingredientes sufran los efectos de la gravedad. Si mantienes la cabeza recta, la salsa va a terminar en tus tenis nuevos.
El uso místico del dedo meñique 🤙
Si observas a los profesionales de la banqueta, verás que sostienen el taco con el pulgar, el índice y el medio, mientras el dedo meñique queda levantado. No es por elegancia francesa, ¡para nada! El meñique sirve como un contrapeso y un estabilizador. Si el taco viene muy pesado o con doble copia de carne, ese dedo evita que la tortilla se doble hacia los lados. Es pura ingeniería mexicana.
El orden de los factores sí altera el producto 🍋🌶️
Un error de principiante es bañar el taco en limón y luego echarle salsa. ¡Mal! El limón corta la densidad de la salsa y hace que la tortilla se debilite más rápido. El protocolo correcto es: primero la verdura (cebolla y cilantro), luego tu salsa favorita (la que sí pica), y al final, unas gotas de limón directo sobre la carne.
El manejo de la "copia" 🌮🌮
Si el taquero te da dos tortillas, no te las comas juntas si la cantidad de carne no lo amerita. El verdadero maestro de la Monchisquad sabe que la segunda tortilla es un seguro de vida. Si la primera tortilla se rompe debido al jugo de la carne, la de abajo rescata el guiso. Y si te sirvieron mucho suadero, puedes hacer ingeniería inversa: divides la carne y ¡pum!, tienes dos tacos por el precio de uno.
